Luces de navidad
Amor, tiempo, y muerte.
Y desesperación. Sentirte solo en una que no es tu casa. No poder hacer tu casa de tu nido de amor.
Qué amor. Si no hay tiempo.
No hay tiempo para curar. Y cuando el sol empieza a brillar, mala suerte, quizá no es el día. Sólo tienes tiempo de tumbarte y llorar.
Estaba contenta, me hubiera gustado muchísimo hacer otra cosa hoy. A veces no se puede. Intento luchar contra las excusas y obligarme a vivir, a avanzar, pero no puedes obligar a los demás, no siempre puedes contar con los demás.
Esa es la gran mentira que debemos contarnos. Tenemos que repetirnos, que no estamos solos.
Pero en el dolor, lo estamos, a veces no se puede hacer más. Todos te dicen que estarán cuando lo necesites. A veces eso no es lo que el otro necesita.
E igual que el dolor, el sufrimiento, la soledad, no se puede hacer otra cosa que aceptar.
Aceptar que gracias a dios, los dioses, la diosa, lo que sea, las cosas parecen que van a mejorar. Y eso no hará la vida menos dura. Ni los errores del pasado, ni el miedo a que vuelva, ni estos meses pasados de preocupación, si esa palabra fuera lo suficientemente grande, se van a pasar; ese Tiempo. Y que quizá ahora no haya tiempo de buscar momentos para curar este miedo.
Lo celebraremos.
Yo necesitaba participar de la pequeña celebración de hoy. Del primer día que había fuerzas para disfrutar, que el miedo no destrozaba la posibilidad de vivir un día más. Y otro, y otro. Y que lloremos de alegría porque nos han regalado muchos más. Y hoy era el primer día que el mundo volvía a girar. Y quizá yo no lo estaba luchando de verdad. Quizá da miedo que se pueda pasar. Que un día nos llamen, y sorpresa, vuelve la banda de El Miedo, a la ciudad. Y toca nuestras canciones favoritas. A veces esas son las únicas que sabemos cantar.
Cuándo volveré a poder cantar.
Amor, tiempo, y muerte.
Y desesperación. Sentirte solo en una que no es tu casa. No poder hacer tu casa de tu nido de amor.
Qué amor. Si no hay tiempo.
No hay tiempo para curar. Y cuando el sol empieza a brillar, mala suerte, quizá no es el día. Sólo tienes tiempo de tumbarte y llorar.
Estaba contenta, me hubiera gustado muchísimo hacer otra cosa hoy. A veces no se puede. Intento luchar contra las excusas y obligarme a vivir, a avanzar, pero no puedes obligar a los demás, no siempre puedes contar con los demás.
Esa es la gran mentira que debemos contarnos. Tenemos que repetirnos, que no estamos solos.
Pero en el dolor, lo estamos, a veces no se puede hacer más. Todos te dicen que estarán cuando lo necesites. A veces eso no es lo que el otro necesita.
E igual que el dolor, el sufrimiento, la soledad, no se puede hacer otra cosa que aceptar.
Aceptar que gracias a dios, los dioses, la diosa, lo que sea, las cosas parecen que van a mejorar. Y eso no hará la vida menos dura. Ni los errores del pasado, ni el miedo a que vuelva, ni estos meses pasados de preocupación, si esa palabra fuera lo suficientemente grande, se van a pasar; ese Tiempo. Y que quizá ahora no haya tiempo de buscar momentos para curar este miedo.
Lo celebraremos.
Yo necesitaba participar de la pequeña celebración de hoy. Del primer día que había fuerzas para disfrutar, que el miedo no destrozaba la posibilidad de vivir un día más. Y otro, y otro. Y que lloremos de alegría porque nos han regalado muchos más. Y hoy era el primer día que el mundo volvía a girar. Y quizá yo no lo estaba luchando de verdad. Quizá da miedo que se pueda pasar. Que un día nos llamen, y sorpresa, vuelve la banda de El Miedo, a la ciudad. Y toca nuestras canciones favoritas. A veces esas son las únicas que sabemos cantar.
Cuándo volveré a poder cantar.
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