2019
Entonces, sentencias:
-Vaya, sí que deben de haberte tratado mal.
Y yo cierro la boca porque sin que yo quiera, se nota.
Y me hablas de cómo, aunque quiera parecer de piedra, soy dulce y cariñosa.
Me miras con esos ojos transparentes, y yo me pregunto, cómo puedes verme con tanta claridad, sin apenas conocernos, sin haberme quitado capas.
Parece que cuando estoy contigo, la verdad se me escapa.
Me siento segura, a gusto, tranquila. No siento que tenga que actuar de ninguna manera, ni que tenga que ocultar nada.
Quiero que me conozcas, y ya parece que lo hicieras.
Pero quiero que me conozcas, y si te gusto, lo haga por lo que soy, ahora, y no por lo que me ha pasado, quién he sido, sino por quien soy ahora.
Porque no quiero quedarme atrapada de nuevo en una identidad que no es la mía, porque lo que me ha pasado no es lo que yo soy, o porque no es quien soy ahora. Por fin empiezo a sanar, y a sentirme yo misma, así que cuando estoy contigo, quiero ser esa. Y no mis heridas.
Pero entonces, tus ojos me traspasan. Y se me ve la vulnerabilidad.
Y si ves la herida, si conoces las tragedias, no seré yo misma. Me sentiré de nuevo una sombra del trauma. Si lo conoces, te asusta, y me tratas como un pájaro con un ala rota. Como un jarrón de cristal…
Ya no seré yo misma, ya no sabré si me gustas, o si me aferro a no dejar de gustarte al conocer mi historia.
Y con el miedo a que no se rompa el frágil cristal, se romperá.
Pero me dices, que cuando alguien te gusta como yo lo hago, no puedes evitar cuidar. Sin saber del trauma, me cuidas, sin dejar de verme fuerte, espero.
Cómo no lo voy a intentar, pese al miedo, si me desarmas.
Seguiré tratando de conocerme a mi misma, con esa nueva valentía que estaba empezando a crecer hasta que le diste la vuelta al mundo, a los árboles del bosque.
Cómo no lo voy a intentar si empezaba a ser valor, y contigo no tengo miedo a ser yo misma.
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